|
Las técnicas empleadas, en el trabajo del oro fueron muy sencillas al principio, el martillado en frío proporcionaba láminas e hilos que podían adoptar formas diferentes. Posteriormente, pero aún en una época temprana, se utilizaron el calentado y la fusión. Los avances técnicos, supusieron una diversificación de las formas; no obstante, es muy difícil cuando no imposible datar las piezas tipológicamente.
Técnicas de Fabricación
Fusión del material bruto; Obtenido el metal, se prepara en bruto fundiéndolo en un crisol a 1.063ºC para eliminar impurezas, posteriormente se vierte en un recipiente y se deja fundir.
Martillado y batido; Separado el metal del recipiente, se realiza el batido y/o martillado, para el vadito se necesita interponer un material flexible (cuero, tela), entre el metal y la herramienta para obtener láminas finas y evitar huellas o roturas. El martillado, supone golpear directamente el metal para darle forma de lámina, lingote, pero esta técnica vuelve el metal quebradizo, por lo que debe alternarse con el recocido en 400-800ºC, lo que regenera y cristaliza el metal y evita la pérdida de maleabilidad y riesgo de roturas o fracturas.
Cortado y acabado; El cortado se realiza a través del simple doblado, marcando la línea de corte con una incisión. El acabado generalmente, se practica por la cara externa o visible de la pieza y consiste en una limpieza o pulido por fricción o abrasión, valiéndose por ejemplo de arena.
Uniones mecánicas y ensambles; En la Península Ibérica, a partir del Bronce Final se documentan las piezas compuestas y las primeras aleaciones voluntarias. Vaciado a la cera perdida; Consiste en realizar un modelo inicial en cera de un núcleo con la forma deseada, que se recubre de arcilla; de este modo, al derretirse y quedar eliminada la cera del interior cuando se vierte el oro fundido, se consigue un molde de fundición hueco que, al solidificarse, reproduce la forma del núcleo.
|